Si supiésemos admirar no solamente las maravillas opuestas y armónicas de la naturaleza, sino también practicar las virtudes que ellas representan, nuestras almas tendrían incomparablemente más encanto.
Podríamos pensar que sus magníficos edificios habían sido construidos como una manifestación del buen gusto de algunos príncipes o una ostentación de la riqueza de grandes potentados. No obstante, la realidad es bastante diferente…
El alma humana es aquello que admira. De la contemplación maravillada de los diversos ritos ceremoniales de la naturaleza, algo de la grandeza divina del Creador penetrará en nuestros corazones.
El bienestar que una persona siente delante de un espléndido paisaje es, aunque de manera subconsciente, la expresión de la aspiración a lo infinito inscrita en su corazón.
Magnífico retablo de plata, oro, esmaltes y piedras preciosas, la “La Pala de Oro” simboliza todo el orbe creado: el mundo terrestre y el celeste, unidos por la representación de ese eslabón que son los santos y los ángeles.
Tras el diluvio, Dios quiso sellar una alianza con los hombres de la cual el arco iris es un símbolo. Pasados muchos siglos, se hará una nueva alianza, más hermosa y sublime que la primera.
La Vía Apia acompañó la historia de Roma a través de los siglos, siendo el sumidero de riquezas y comercio, y calzada para las tropas en marcha. Mas, finalmente, pasó a los anales de la Iglesia por medio de un dramático episodio: el “Quo Vadis”.
Reflejando la luz del sol tropical durante el día o refulgiendo con sus paredes iluminadas en medio de la cálida noche carioca, el pequeño templo bien parece una joya, o un inocente juguete olvidado sobre una de las colinas de la Bahía de Guanabara.
Frente al suntuoso Palacio de Invierno, en San Petersburgo, la altiva figura de un ángel portando una cruz extiende sus alas protectoras sobre esa inmensa nación.
Famosa por las tonalidades de azul profundo, cuajadas de estrellas doradas, la Basílica de Notre-Dame de Montreal es una de las maravillosas obras maestras del neogótico, que encanta el alma de los que la visitan.
¿En qué más podemos pensar, además del consuelo y la esperanza, cuando contemplamos ese majestuoso monte nevado que se levanta en la tórrida sabana africana?
Las “Stavkirker”, herencia de la cristianización de Escandinavia
Una vez convertidos, los hasta entonces feroces hombres del Norte se mostraron capaces de erguir verdaderos templos en nombre del Dios Verdadero, donde la característica robustez de su cultura se amalgama con artísticos e intrincados diseños en madera tallada.
En el largo viaje en tren hasta Barcelona, san Juan Bosco tuvo uno de sus proféticos sueños: veía un monte sobre el cual se levantaba un magnífico templo.