¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan.
Contemplemos a nuestra Madre Inmaculada diciendo a Santa Catalina en sus
apariciones: "Yo misma estaré con vosotros: no os pierdo
de vista y os concederé abundantes gracias". Sed para mí, Virgen
Inmaculada, el escudo y la defensa en todas las necesidades.
Oh gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos, como fieles católicos. a la santa familia de tu Hijo que es la Iglesia.